Phishing: Los delincuentes envían correos electrónicos, mensajes de texto o incluso crean sitios web falsos que imitan a los oficiales de bancos, empresas o servicios populares. Su objetivo es engañar a la víctima para que proporcione información confidencial, como contraseñas, números de tarjeta de crédito o detalles personales.
Skimming: Consiste en instalar dispositivos en cajeros automáticos, terminales de punto de venta o en cualquier lugar donde se pueda realizar un pago con tarjeta. Estos dispositivos copian los datos de la tarjeta cuando esta se inserta o pasa por el lector.
Robo de identidad: Implica la obtención ilegal de información personal (como números de seguridad social, fechas de nacimiento, direcciones, etc.) para cometer fraudes, abrir cuentas bancarias, solicitar préstamos o hacer compras a nombre de la víctima.
Fraude en compras online: Este tipo de fraude ocurre cuando un estafador crea tiendas en línea falsas o productos que no existen, y engaña a los consumidores para que paguen por productos que nunca reciben.
Estafas por inversión: Los delincuentes promueven inversiones falsas o proyectos fraudulentos a través de internet, ofreciendo altos rendimientos a cambio de dinero, y luego desaparecen con los fondos de las víctimas.