Gran cantidad de las herramientas que nos brinda el internet y los dispositivos electrónicos requieren al menos de nuestra información básica, lo cual de primera entrada no parece tan grave, incluso muchos ya estamos acostumbrados; inscribirnos a una red social, tener una cuenta de correo electrónico, crear un usuario para hacer uso de servicios varios e incluso permitirle al celular acceder a nuestra red wi-fi. Lo que muchas veces no consideramos es que esto va dejando “rastros” nuestros en diversas fuentes de datos y solamente con esto ya estamos expuestos a daños por parte de personas malintencionadas. Ahora bien, si los casos anteriores pueden prestarse para el robo de identidad, imaginemos lo que sucede cuando alguna de estas personas tiene acceso a información aún más privada, llámese cuentas bancarias, números de tarjetas de crédito y/o débito, sitios que visitamos, actividades que solemos practicar a menudo y demás datos que se encuentran en los servidores de la red.
FRAUDE ELECTRONICO
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