Reforzando los conocimientos

Banca Pública de Desarrollo

De acuerdo al Código Orgánico Monetario y Financiero, en sus Artículos 6 y 160 señalan que:

Uno de los grandes problemas y debilidades en los países en desarrollo es el acceso a mercado de capitales que ayuden a financiar, a mediano y largo plazo, pequeños, medianos y grandes proyectos productivos, necesarios para dar un salto cualitativo en el ámbito del crecimiento económico, la transformación y diversificación del sistema productivo nacional, así como en la incremento la calidad de vida de la población en general.

La banca de desarrollo, así como la banca pública en general, buscan suplir el vacío dejado por la banca privada que al buscar siempre espacios que permitan crear rentabilidad de sus inversiones, no explora espacios menos atractivos, pero que son fundamentales para el desarrollo estructural de un país, como pueden ser sectores agrícolas campesinos, sectores inmobiliarios, o para pequeños o medianos emprendimientos productivos.

Con el tiempo, este tipo de instituciones financieras de desarrollo fueron ampliando el rango de su accionar y fueron incluyendo en su cartera de inversiones campos como la formación de talento humano para apoyar procesos de transformación productiva e innovación, la internacionalización de su trabajo para acompañar a empresas latinoamericanas a atraer inversiones de capital a menores costos, o el financiamiento de proyectos ambientales o proyectos productivos sostenibles.

Una de las características fundamentales de la banca de desarrollo actual es su origen estatal, y como tal, responden principalmente a la política pública financiera y productiva de cada gobierno. De ahí la importancia de la planificación y coordinación con otras entidades públicas para un correcto diagnóstico y una adecuada gestión de los servicios, financieros y no financieros, para que la cobertura que cada entidad pueda ofrecer a sus clientes sea la más adecuada.

En esta línea, la banca de desarrollo procura no solo concentrarse en la colocación de créditos en distintos proyectos, sino también de proveer servicios no financieros, y entre esos se encuentra, particularmente, aquellos referentes a asistencia técnica. Según las estadísticas de la Asociación Latinoamericana de Instituciones Financieras para el Desarrollo (ALIDE) , aproximadamente más de la mitad de sus asociados en la región están facultados y proveen este tipo de servicios en sus respectivos países. Por lo que se convierte también en una oportunidad para desarrollar productos de asistencia técnica innovadores y de alta calidad como un elemento diferenciador de oferta de servicios con el resto de entidades financieras .

Estos servicios se muestran fundamentales para intentar cerrar las brechas de capacidades institucionales en temas financieros, técnicos o tecnológicos, y que complementan el apoyo financiero que se entregan en primer lugar. Además, habría que tomar en cuenta que estos procesos posibilitan la creación y fortalecimiento de nuevos sujetos de crédito que, con el tiempo, puedan acceder a nuevos espacios de financiamiento.

El camino recorrido por la banca de desarrollo en América Latina ha permitido que institucionalmente se puedan aprender de los errores cometidos en el pasado y recoger las mejores prácticas que se han generado a lo largo de todos estos años. En el siglo XXI, la banca de desarrollo en nuestra región no debería caer nuevamente en dicotomías que la encierren entre sistemas de mercado o de intervención estatal, sino más bien concentrarse más bien su armonización y complementariedad. Por lo que, recogiendo lo aprendido de cada etapa, ahora se sabe que es posible mantener un rol transformador a través de la financiación pública que se retroalimente con el sistema financiero privado, al mismo tiempo que nunca pierda de vista una eficiente gestión cotidiana, así como su rentabilidad y solidez financiera a largo plazo.

Los retos para la banca de desarrollo en nuestro país y en América Latina siguen siendo grandes, pero las perspectivas de trabajo son alentadoras con base a los resultados obtenidos en cada uno de los sectores donde han intervenido. Sectores en donde el financiamiento privado ha tenido dificultades o poca motivación de acceso. Además, en contextos económicos globales marcados por la desaceleración o un lento crecimiento económico, como las que se presentan habitualmente, este tipo de instituciones pueden aportar estabilidad al sistema productivo manteniendo activos los flujos crediticios en sectores claves. De manera que el potencial y su capacidad de incidir en transformaciones económico-sociales en los diferentes países son amplias.

En este sentido, la banca de desarrollo debe ser considerada y aprovechada como una herramienta fundamental para un producir cambios sustanciales en las diferentes estructuras económicas y sociales de los países en donde operan, de forma que aporten a un desarrollo equitativo y sostenido del que se beneficien las mayorías sociales en nuestro continente.